miércoles, septiembre 20, 2006

Las animas II

Todo empezó curiosamente un martes aunque no de madrugada, era la hora de comer y me iba a casa con una compañera, Lía se llamaba. Era morena y tenía el pelo rizado y largo, muy guapa, andábamos los dos tonteando desde hacía tiempo pero no terminábamos de estar juntos. Por esa época la idea de tener una novia seria y dejar de tontear con el resto de las chicas no me hacía demasiada gracia, así que andaba estirando del hilo para ver hasta donde aguantaba. La chica me gustaba bastante así que solo habría hecho falta un ultimátum de su parte para que yo me rindiera y empezase algo en serio con ella, pero como todavía no llegaba… El caso es que yo me había empeñado en ir dando una vuelta por el parque para estar un ratito más con Lía en vez de coger el autobús que habría sido donde nos tendríamos que haber separado (parece que halla pasado un millón de años) bajábamos la cuesta del parque riendo y hablando sobre algo que había ocurrido hoy, no recuerdo ya de que era pero no podía parar de reírme mientras ella fingía estar muy ofendida “por ese comentario tan cruel”. Ya en el final del parque nos disponíamos a cruzar la carretera para terminar en la esquina donde nos despediríamos, estaba pensando en como haría para robarle otro beso y en como ella volvería a hacerse la ofendida sin poder evitar dejar escapar una sonrisa, cuando ella se dio cuenta que había pasado algo.
-Mira esta el Samur parado ¿Habrá ocurrido un accidente?
-Hay mucha gente mirando, vamos a acercarnos.
-No, déjalo vamos a casa.
-Venga hombre si no pasa nada, veamos si podemos ayudar.

Arrastre a Lía hasta el corrillo de gente tirando de su manga, “Le ha dado un infarto” Nos dijo uno de los curiosos que rodeaban la escena “Los enfermeros leestán intentando reanimar ”
-Vámonos por favor
-Déjame acercarme solo un segundo…

Me colé por la marabunta humana, nunca había visto nada igual, sentía mucha curiosidad, solo oía a los de la ambulancia aplicar un masaje cardiaco, pero no veía nada salvo las luces anaranjadas del samur girando

Uno, dos, tres, uno, dos, tres…

Sus voces me guiaron hasta el hombre tirado en la acera. La mitad de su cuerpo estaba cubierto por una especie de papel de plata, solo que dorado, para que al contacto con el suelo de invierno no perdiese calor. Una mascarilla conectada a una especie de botella de plástico que uno de los enfermeros apretaba cada tres segundos le cubría la boca.
-No hay nada que hacer…- Susurré
-¡Claro que sí!, he visto muchas veces estos casos, le acaban de empezar a reanimar, una vez vi como un socorrista salvaba a un niño que llevaba 8 minutos debajo del agua.- Dijo una mujer.
-Pero este hombre ya se ha ido.
Y estaba seguro de ello…

2 comentarios:

Barby dijo...

este no me recuerda a Coelho, sino a un cuento que lei hace muchos años, no por la historia en si, que no se parece, pero no se, el parque, un beso robado...
sin embargo, sigue habiendo un "algo" que evoca algun recuerdo dentro de mi pero no soy capaz de ubicarlo.
es un cuento muy intrigante, me gusta :)

Darka Treake dijo...

Me acabo de dar cuenta que yo ya había leido esto!!
Imagino que como la cosa estaba sin acabar, me quedé ahi, y no debí comentarte... una pena!!

Bueno, sigo porque ahora ya no puedo parar!!

bsito
Darka.